Chichén Itzá, corazón del imperio maya

Las majestuosas ruinas de la civilización maya son una visita imprescindible de cualquier viaje por Yucatán

La pirámide de Kukulcán se eleva con precisión geométrica en medio de una explanada que hace mil años fue el centro político, religioso y cultural del imperio maya. Chichén Itzá significa "boca del pozo de los itzaes", en alusión al cenote situado al norte de la pirámide y que era considerado un enclave sagrado, además de una fuente de agua dulce esencial para aquella ciudad de templos y sabios astrónomos.

 

El recinto arqueológico ocupa 15 km2, es Patrimonio de la Humanidad desde 1998 y constituye uno de los testimonios mejor preservados de la civilización maya. El estudio de los grabados y la disposición de los edificios ha revelado que los mayas conocían el ciclo de Venus de 584 días y el hecho de que cada 8 años retornase a la misma posición en el cielo, lo que se reflejaba a su vez en el calendario maya. El edificio que los españoles llamaron el Caracol era un observatorio astronómico.

El emplazamiento de la ciudad, rodeada de selva y a más de 100 kilómetros de la costa, sume al visitante en una especie de ensoñación que lo conduce entre monumentos sensacionales: la cancha del Juego de Pelota, la calzada que lleva al Cenote Sagrado, las esculturas del dios Chaac, los relieves de la Casa de las Monjas o las cabezas de la Serpiente emplumada (Quetzalcóatl o Kukulcán).

Celebrando el solsticio de verano

La llamada "noche mágica" se recibe en muchos lugares del planeta de forma bien distinta, aunque todos ellos comparten tradición y mucha fiesta.

Entorno al día 21 de junio, en el hemisferio norte, el sol alcanza su máxima altura. Llega el día más largo del año y la noche más corta. Desde tiempos inmemoriales se ha celebrado este momento tan especial, tan cargado de magia. En España las fiestas que dan la bienvenida al esperado verano se suceden en toda la geografía con hogueras, fuegos artificiales, conjuros y fiestas en la playa. 

 

La gran pirámide de la ciudad maya de Chichen Itzá, situada en la península de Yucatán, es en realidad un calendario gigante que señala los cambios de estación, el paso de los días y demuestra los profundos conocimientos de matemáticas, geometría y astronomía que los mayas poseían. Si durante el equinoccio de primavera, las multitudes acuden a contemplar como la sombra de una gran serpiente desciende por sus escaleras, en el solsticio de verano tiene lugar otro fenómeno durante el que las caras norte y este del templo de Kukulkán quedan totalmente iluminadas por la luz del sol, mientras que los lados sur y oeste permanecen en la oscuridad, y el sol traza sobre El Castillo –nombre que le dieron los españoles a la pirámide de Kukulkán, una diagonal perfecta.

La serpiente de Chichén Itzá

El animal mágico de los mayas desciende las escalinatas de la pirámide de Kukulkán durante el equinoccio de primavera.

Como cada año, con la llegada del equinoccio de primavera, la explanada frente a la gran pirámide de Kukulkán, en la ciudad maya de Chichén Itzá, se llena de gente que acude a contemplar el descenso de la serpiente. Durante unas cinco horas, el día 21 de marzo, el prodigio se repite en el equinoccio de otoño, el día 22 de septiembre, se produce un hipnótico juego de luces y sombras, una ilusión óptica que permite ver como, sinuosamente, el cuerpo de una serpiente repta desde la cima de la pirámide hasta la cabeza de la serpiente emplumada que se halla en la base.

La Pirámide de Kukulkán aúna tres templos, uno encima de otro, correspondientes a tres fases constructivas, la primera de las cuales ha sido revelada mediante la tomografía eléctrica

La tomografía eléctrica, una técnica no invasiva, ha permitido detectar una segunda subestructura, de unos trece metros de altura, en la Pirámide de Kukulkán, también conocida como El Castillo. El estudio de resistividad eléctrica ha confirmado la presencia de un antiguo cenote o depósito de agua bajo el templo y de la primera subestructura hallada en los años treinta.

La segunda subestructura se encuentra oculta dentro de la primera subestructura y corresponde, por tanto, a la pirámide original, edificada entre el 550 y el 800 d.C., durante el primer período de poblamiento de Chichén Itzá. En esta fase inicial de "mayas puros" aún no había contacto con las civilizaciones extranjeras del actual centro de México, según explican en sendos comunicados la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), que colaboran en la investigación.

 

El segundo período de poblamiento de Chichén Itzá ocurrió entre el 800 y el 1.000 d.C., cuando se levantó la estructura descubierta el siglo pasado, una fase de transición en la que llegaron pobladores del centro de México y comenzó el estilo maya-tolteca. El tercer y último período de poblamiento ha sido fechado entre el 1000 y el 1300 d.C., durante la decadencia del asentamiento. El aspecto actual del templo corresponde a esta última fase constructiva.

"Estas fases constructivas se deben a múltiples factores, desde la renovación en los grupos de poder hasta el deterioro natural de los edificios. Sin embargo, los constructores no se limitaron a rellenar y cubrir los templos antiguos, ya que eran lugares sagrados que no podían destruirse, pues eran necesarios para mantener el contacto con sus mundos espirituales", expresa Denisse Argote, arqueóloga del INAH.

La metodología innovadora, que permite escrutar el interior del edificio sin excavarlo, consiste en la colocación de detectores eléctricos alrededor de los diez cuerpos de altura que posee la pirámide. La corriente eléctrica que se envía al subsuelo mediante una serie de electrodos permite medir la diferencia de potencial y la resistividad del subsuelo. Así se ha detectado una segunda subestructura por debajo de la primera, donde podría estar el adoratorio original del templo. La opción idónea para acceder al mismo sería, según el INAH, "estabilizar y usar el túnel abierto en 1931, con el fin de no exponer la pirámide a daño alguno".

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